| Entrevista a Dr. Ramón Bayés Catedrático de Psicología Básica de la Universitat Autònoma de Barcelona. Profesor Emérito en 2002 |
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| Mª Dolores Miguel López de Vergara | |||
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Nos preguntamos ¿qué le ha motivado, desde su experiencia, a escribir acerca del tiempo subjetivo en su último libro El reloj emocional? R.B. El tema del tiempo – y en especial el de su vivencia en el ámbito sanitario – me ha interesado desde hace años y se encuentra presente en algunos de mis libros y escritos anteriores*. De hecho, la lectura de un clásico –“Principios de psicología”de William James (1890) – me puso sobre la pista del punto de vista psicológico de la temporalidad: “Un día lleno de interés pasa sin que nos demos cuenta –escribe James -; por el contrario, un día de espera, de deseo insatisfecho de cambio, nos parece una pequeña eternidad. Albert Einstein, con gran sentido del humor, señala “Si estás sentado junto a una chica rubia, dos horas pueden parecer dos minutos. Si estás sentado sobre una estufa caliente, dos minutos pueden parecer dos horas. Esto es la relatividad”. El vestíbulo de cualquier hospital suele presidirlo un gran reloj que marca el paso del tiempo de una forma aparentemente objetiva e igual para todos los que están en edificio; sin embargo, el tiempo pasa de forma diferente para ellos. Los pacientes y sus familiares, se encuentran siempre a la espera de algo – la visita del médico, una cura o prueba desconocida, el resultado de una analítica o una radiografía, el cese del dolor, el alta, etc. – que es importante para ellos. En esta situación el tiempo se alarga, parece que transcurre mucho más lentamente que el cronométrico; suele ser tiempo de sufrimiento, percibido además como más largo que el que señalan relojes y calendarios Para los profesionales sanitarios en cambio, a no ser que estén quemados o se hayan equivocado de profesión, el tiempo se acorta. Están pendientes de su trabajo: dar buenos diagnósticos, administrar bien los tratamientos, dar soporte a los enfermos y familiares, etc. Y cuando alguien está absorbido por una tarea, el tiempo pasa rápido, desaparece. Acaba la jornada del médico, de la enfermera, de la trabajadora social, del psicólogo, y todavía quedan muchas cosas por hacer.
R.B. Las asociaciones temporales pueden influir considerablemente en nuestro estado de ánimo. Así, por ejemplo, tras el 11-M, muchas de las personas que vivieron de cerca la terrible experiencia del atentado terrorista cuentan que, mucho tiempo después, el simple sonido de la sirena de una ambulancia, la visión de una estación o el olor a carne quemada son suficientes para hacerles revivir el horror de aquel día. ¿Se podría considerar que la incertidumbre de la espera, como tiempo subjetivo, convive siempre con nosotros, con la influencia afectiva de nuestras experiencias, al margen del tiempo cronométrico? R.B. Las únicas cosas que tenemos seguras en la vida son dos: que cada año tendremos que presentar la declaración de Hacienda y que un día moriremos. Todo lo demás es sólo probable y puede variar en cualquier momento. Tenemos la falsa sensación de que nuestra vida y la de nuestros seres queridos está garantizada y se mantendrá estable a través del tiempo perono es así. En un relato de sus propias vivencias tras la muerte de su esposo por un fulminante ataque del corazón, Joan Didion** escribe:“La vida cambia rápido, la vida cambia en un instante. Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba.”. Lo único que tenemos, y es maravilloso, es el ahora. En el siglo V, San Agustín decía que son tres los tiempos: el tiempo presente de las cosas presentes; el tiempo presente de las cosas pasadas y el tiempo presente de las cosas futuras. El único real es el ahora.. ¿La percepción de una mayor duración del tiempo subjetivo que el cronométrico, cuando se está a la espera de algo que la persona considera de gran importancia para sí misma, aparece también en la relación de cuidados paliativos enfermera-paciente? R.B. Aparece en cuidados paliativos y fuera de ellos. Aparece siempre que una persona cree que pierde el control sobre una situación que es relevante para ella. A mayor importancia de lo que está ocurriendo y menor control percibido, mayor sensación de duración y, en muchos casos, mayor sufrimiento. En una enfermedad grave la información puede producir sufrimiento pero la incertidumbre y la incomunicación suelen tener efectos mucho peores. En los “pequeños detalles” que tan afectivamente describe y que son tan importantes en el proceso de cuidados ¿cómo influye la sensibilidad y la gestión del tiempo en el saber hacer del profesional de enfermería? R.B. Hace algún tiempo, en colaboración con una alumna de psicología que estaba terminando la carrera llevamos a cabo una modesta investigación*** que dio lugar a interesantes resultados. Aprovechando que un familiar próximo de la interesada tenía que ingresar en un hospital para dar a luz tras un embarazo complicado, pedimos a la pareja que llevaran un diario detallado de “todo lo bueno” y “todo lo malo” que les pudiera ocurrir durante su próxima estancia hospitalaria. Posteriormente, les hicimos valorar las cosas “buenas” que les habían sucedido, entre 0 y + 10 y las “malas” entre 0 y –10. El parto fue normal y el niño nació sano; sin embargo, la madre tuvo complicaciones, hubo que intervenirla quirúrgicamente y pasó 10 días en el hospital. ¿Qué es lo mejor que le pasó durante su estancia?. Cuando tras nacer su hijo le colocaron el bebé encima del vientre (+9). Pero, ¿qué es lo que la joven madre valora a continuación?. Cuando estaba en boxes tras la intervención, sola, sin saber muy bien que le estaba sucediendo, una auxiliar de enfermería pasó por allí y al verla, se acercó, le cogió la mano y se interesó por ella (+8). Y ¿qué es lo peor valorado: por una parte el tiempo de espera sin información de ninguna clase (permaneció aislada seis horas pendiente de que quedara libre un quirófano)(-10); por otra, entró el jefe de servicio con un grupo de MIRs; no la saludaron, la rodearon, el jefe explicó el caso, la exploraron y se fueron sin despedirse (-10).“¡Me hicieron sentir como un objeto!”. La moraleja de esta historia es sencilla: con un poco de sensibilidad y a un coste cero se podría paliar una parte del sufrimiento de los pacientes hospitalizados Al finalizar la entrevista comprobamos que la percepción de la duración del tiempo se acorta o desaparece cuando uno es feliz o cuando está absorto en un trabajo. Y éste ha sido nuestro caso. Gracias Dr. Bayés y tal como le "gusta recordar siempre que resulte oportuno" citamos las palabras de Cassell: "los que sufren no son los cuerpos; son las personas". |
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BIBLIOGRAFIA * Bayés, R. (2006). Afrontando la vida, esperando la muerte. Madrid: Alianza**Didion, J. (2006). El año del pensamiento mágico. Barcelona: Global Rhythm. ***Bayés, R. y Morera, M. (2000). El punto de vista del paciente en la práctica hospitalaria. Medicina Clínica 115, 141-144. |
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